20.11.10

Regalo de cumpleaños

Pasados once días.
Me obsequiaste un libro pero. Un libro
un diario
una vida
¿Qué significa?
Alejandra: ¿Un libro? Significa que quiere permanecer en vos (ti).
Mi Yo: Permanecer...
Ella: *Sus ojos verdes atravesaron mi vista con dulzura y honestidad*.
Me obsequiaste una carta. Un sobre,
“hombre con un globo en la mano”.
Tenía forma de corazón.

15.11.10

Búsqueda a lo desconocido

Perdida en aquella calle a la cual cada día concurría. Para un lado o para el otro. Sabía el lado correcto, fue para el otro. Obscurecía, era una penumbra, obscurecía. No podía parar, no quería parar. Árboles sin hojas eran su único paisaje, árboles rosas, arco iris blanco y negro, suelo color escarlata, el se marcho, el sol se fue. Me ahogaba en mi conciencia, me ahogaba en mil colores. Su ojo jamás cerró, jamás se cerró. Cayo de rodillas, suplicaba, imploraba. Olía su exquisito aroma. Había una silueta, perdida sonrió, la razón para sonreír,






(su razón para sonreír).

Quería

Su brazo, su mano, sus dedos. Cada día rozaba mi piel, rozaba.

Quería que me cuente cuentos en el alba, como lo hacia cada día.
Quería que me regale caramelos de durazno, como lo hacia cada día.
Quería que me acobije en nuestra cama cada vez que me destapaba como lo hacia cada día.
Quería que me abra las persianas de nuestra ventana para que la luz (rayos) del Sol iluminaran mi rostro.
(Quería que me diera caramelos, como solía hacerlo luego de “rozar” mi rostro, mi piel.)

Quería que me diera su alma...





Como yo se la obsequié a aquella estatua viviente.

Abrir y cerrar

Temblaba por dentro.
Temblaba por fuera.
No podia estar firme en el pedazo de cemento que se situaba bajo mis pies.
Alcancé a dar 5 pasos con dificultad, lo hice, llegué al húmedo pasto.
Dí otros 5 pasos, llegue a algo líquido, mis pies se situaban en el lago.
Temblaba.
Caí, caí de rodillas, gotas o mas bien chispas de agua esparcidas alrededor de mí, nunca cerré los ojos.
Empapada quedé, sentia que nadaba, aunque no me moviera. Sentia que flotaba aunque no soltaba el suelo.
El pecho, cintura, piernas, pies. Mojados por completo.
Temblaba.
Caí, caí hacia lo mas profundo del lago. Borroso, todo estaba borroso, nunca cerré los ojos.
No sentía si mojada o seca estaba, simplemente sentía....(no pude terminar esa oración).
Una pequeña sonrisa marcó un hoyuelo en mi mejilla izquierda por unos segundos o minutos o horas, no podia distinguirlos, ya no.
Temblaba.
Caí, caí. ¿Adonde podía caer ya? Caí en lo mas profundo de...¿un sueño?
¿Temblaba?
Cerré los ojos.




(Nunca abrí los ojos).


Mi sweater blanco

Se derretía, la sangre se derretía en su mano derecha.
Me manchaba.
Manchaba mi sweater nuevo color blanco, blanco, con una letra x o una cruz de color escarlata, en la manga izquierda, en la parte superior. No, no me la mancho, poso sobre mi pecho su mano, quedo mi sweater manchado de sangre con la forma de su delicada mano. Pero siguió manchando deslizaba su mano, delicadamente como si estuviese pintando un cuadro con sus propias manos, la deslizaba de una forma lívida, suave e intensamente como si lo estuviese disfrutando, así lo hacia dirigiéndose a mi cuello. Fuerte, ahora lo hacía fuerte me la costura el hilo me dolía, raspaba mi piel.

Llegó a mi cuello.
Frío.
Tibio.
Caliente, parecía un juego.
Ascendió más, quería más, más.
Se humedecieron mis labios, completamente.

Primera vez.

Hundías tu dedo índice, al lado de mi ombligo, al lado derecho.
Lo hacías lentamente, suavemente, cuidadosamente.
Era la primera vez que sentía el tacto de su sana, fina y a la vez áspera piel suya rozando la mía.
La sentía.
Estaba fría.
Me daba un poco de satisfacción, demasiado.
Una mueca se rebeló en mi mejilla izquierda, sin cuidado, sin temor. Duró unos 7 segundos exactos, cambio, ya dolía.
Era diferente, dolía.
Se había desvanecido esa sonrisa.
No olía su dulzura, no olía su fragancia a algo desconocido, que me atraía. Poco a poco, (sacaba el dedo índice de mi piel), lo sentía, después de cavar en mi piel (esculpía mi piel),volvía a meter con su dura y pesada pala, la tierra en su lugar, asquerosa tierra.
Volvía a el pañuelo de el Diablo (volvía a el guante de el Diablo).
Me enterraba, me olvidaba.
Una nueva sonrisa sorprendió mi supuesta alma, si es que existe en mí, no lo sé ¿lo sé? Diferente, no lograba entender interpretar esa extraña sonrisa, desconocida.
¿Por qué le tenía miedo?¿Por qué miedo a lo desconocido? No sería la única. Acaso seré una enfant terrible?